Facebook Danilo Canguçu: Racism on the International Day for the Elimination of Racial Discrimination

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Migrant Tales insight: I got in touch with Danilo Canguçu, whom I thanked for bringing to public attention what had happened after being harassed in a racist manner. He did the right thing, and others should follow his example. Since public authorities too often only offer lip service instead of action in fighting racist abuse, we need to raise our voices when this occurs.

Danilo said he will file charges to the police and get in touch with Helsingin Uutiset if the woman who harassed him and his friends is employed by that community paper.

Helsingin Uutiset, like other ones in the same league, is known for their biased reporting that is sometimes racist. Since they have no subscribers, they are dependent on ads to finance their newspaper.

Turkulainen, a community paper owned by Etelä-Suomen Media, which owns Helsingin Uutiset, published a sensationalist story and headline in 2017: “A shocking figure from the beginning of the year: Rape crime grew by over 400% in Turku compared previously.”

But wait a minute. The “over-400%” claim is based on a figure of 4 suspected cases in 2016 compared with 21 in the first quarter of 2017.

When I called the editor of Turkulainen, to ask him if this is fair and ethical journalism.

“Don’t you understand that we need to attract advertisers!” he said justifying the headline

Community newspapers are some of the worst examples of unethical and biased journalism in Finland.

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Here is the person who was filmed allegedly in racist harassment. Source: Facebook.

EN ESPAÑOL

“TODOS USTEDES DEBERÍAN VOLVER A SUS PAÍSES, USTEDES NUNCA SERÁN DUEÑOS DE ESTE PAÍS!”

El Día Internacional para Eliminación de la Discriminación Racial fue ayer, 21 de Marzo. Este mismo día, mis amigos y yo – todos extranjeros – vivimos el ataque más racista que ya vi sufrí en Finlandia.
Era cerca de las cinco y media de la tarde y el sol brillaba. Nosotros tres estabamos yendo a “visitar” a una amiga quien recién llegaba de Brasil. Queríamos verla y recibir unos regalos que nos trajo. Para mí, dos ediciones de mi revista favorita, revista piauí, mayoritariamente sobre política y un aire fresco en tiempos de Bolsonaro. Para mi amiga, roomate y también Brasileña, un libro: “Ideas para adiar el fin del mundo”, de Ailton Krenak. El tercer amigo, Francés-Canadiense, nos condujo con su carro y también participó del encuentro.
Yo dije que la “visitamos” porque no entramos en su apartamento ubicado cerca a la estación de metro en Kontula: Estábamos parados en el andén (primer piso), mientras le hablábamos. Ella estaba en el balcón (en el tercer piso) en quarentena. Sus padres están en el grupo de riesgo del Coronavirus. Los tres estaban encerrados en el balcón de vidrio.
Ella empacó nuestra literatura en una bolsa plástica, la amarró con una cuerda y – como las trenzas de Rapunzel – el conocimento llegó hasta nosotros. Nos reímos. Compartimos nuestros sentimientos sobre la quarentena, sobre el aterrisaje del virus en Brasil – aquí no nos reímos para nada – etc. Estábamos hablando en Portugués, nuestra lengua materna. Somos orgullosos de hablarla y nos sentimos seguros de usarla en Helsinki, en Finlandia, en Europa. O por lo menos nos sentíamos.
Por la derecha, una mujer en sus 40 apareció. Ella tenía un carrito-caja lleno del periódico Helsingin Uutiset. Cuando pasó por nosotros, habló en Finés de una manera muy agresiva y superior. Yo no hablo Finés pero mis amigos sí, así como el padre de mi amiga – por lo menos un poquito. Entonces entendí que decía que olía mal (‘Hyi haisee’) mientras pasaba por nosotros. Uno de mis amigos respondió, ironicamente, en Finés: “Guau, eres muy inteligente!”. La señorita de la entrega, en su camino de entrada al edificio de mi amiga, nos miró y escupió en el piso, de una manera bastante obvia. Mientras tanto, afuera, mis amigos traducían qué había dicho ella y estábamos en choque.
La señorita salió diciendo – o casi gritando – más palabras de odio hacia nosotros. Mis dos amigos respondían también en Finés. Yo empecé a responderle en Inglés – de pronto no debería haberlo hecho. Sentí (y todavía lo siento) que a veces estaba siendo agresivo – no como ella. Ella entró en el edificio al lado. Intentando entender qué pasaba, nuestros ojos hablaban más mientras nuestros pensamentos corrían dentro de nuestras cabezas. Mi roomate tuvo una idea: “Yo voy a coger uno de los periódicos de allá”. Yo tuve otra: “Alistaré mi cámara para cuando regrese ella”. Con el periódico escondido bajo la chaqueta de mi amiga y mi teléfono listo para grabar, la señorita salió del segundo edificio.
Sí, más palabras agresivas. “Yo te estoy grabando!”, grité. Ella vino hacia nosotros diciendo “Qué derechos tienes de filmar una empleada?”. Yo tenía miedo. Nosotros teníamos miedo. Yo pensé que ella cogería mi celular y lo tiraría en la nieve. Mi roomate pensó que ella nos iba a golpear. No sé qué pensaba nuestro tercer amigo pero estaba aterrorizado, riéndose desconfortablemente. Ella siguió gritándonos: “Ustedes nunca serán Fineses”. Ella señaló su dedo hacia mi amiga y dijo: “Eres una prostituta y una drogadicta” mientras pasaba el indice por la garganta, como quien corta un cuello. “Todos ustedes deberían volver a su país, ustedes nunca serán dueños de esta tierra!” – la frase ecoaba por la calle vacía. Ella se alejó de nosotros, todavía gritando. Yo empecé a gritarle: “Chao! Vete!”.
Nosotros, los seis, separados por tres pisos y el coronavirus, vivimos el evento más racista de nuestra vida en Finlandia. Pensábamos que estábamos seguros pero cuando eres inmigrante, tienes que acordarte todos los días: tú siempre estás en el grupo de riesgo.

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